sábado, 17 de mayo de 2008

Observaciones de reciente lectura

La última novela de Eduardo Mendoza, El asombroso viaje de Pomponio Flato, no ha colmado mis expectativas. Quizás ese sea el problema: haber leído el libro con ciertas expectativas. Yo esperaba reírme más de lo que me he reído (y debo reconocer que en algunos momentos me he reído, como cuando el legionario llamado Quadrato confiesa haberse masturbado leyendo La Guerra de las Galias). Claro que también debo aclarar, por ser justo con el escritor, que no tengo la risa fácil, mucho menos cuando de risa "literaria" se trata. También esperaba otros mimbres de esta historia, que se anuncian en la sinopsis de la novela, pero que quedan en mera anécdota. Me refiero a la búsqueda de esas aguas "de efectos portentosos" que es el motivo que lleva al protagonista hasta Nazaret. Es una pena que de este viaje supuestamente científico en busca de aguas salutíferas apenas quede en la novela sino los flatos a destiempo del protagonista y algunas referencias aisladas a su afición por la historia natural. No obstante, debo reconocer que el perfil de Pomponio Flato está logrado (y bien hallada la imagen de cubierta: el actor H. Marston en el papel de Marco Antonio en Julio César de Shakespeare): el lector tiene la impresión de estar ante un don nadie pedante y vanidoso, con ínfulas de científico y lenguaje a ratos arcaizante, sobre todo por el uso de fórmulas homéricas ("Zara, la de hermosos tobillos", "en todo semejante a una diosa", la Aurora de espléndido trono"...). También pone Mendoza en boca de Pomponio numerosos cultismos de origen latino ("alacridad", "nefando", meretricia", etc.), con los que juega a veces de manera magistral. Es lo que hace, por ejemplo, con el doble sentido de "venéreo" (relativo a la diosa Venus y a la enfermedad) y con el parecido entre "propincuidad" y "promiscuidad" en un diálogo con la puta: "No me toques, venérea desconocida, y no comprometas tu reputación con mi propincuidad". Otro personaje bien trazado es el tribuno Apio Pulcro, que impone a sus legionarios castigos severísimos (mutilaciones y muertes horribles) que al poco levanta, para que lo que les quede indeleble sea su magnanimidad y no su crueldad. A su vez es un personaje moderno, pues tiene ambiciones urbanísticas. De hecho tiene entre manos un proyecto de recalificación de terrenos que corre peligro por culpa de las andanzas de Flato. Quizás el personaje menos atractivo sea el niño Jesús. Pese a ser relevante, apenas deja regusto en el lector. En cuanto a la trama (como se ve, apenas revelo nada de ella, por no menoscabar el interés del lector), pensada como burla de la actual novela histórica, tampoco es atractiva en exceso, quizás porque está demasiado subordinada al humor. En fin, sirvan estas notas no para desaconsejar su lectura (sin duda gustará más a otro tipo de lectores), sino para orientar a quienes puedan pensar a priori, llevados por la propaganda editorial, que es lo mejor que ha escrito Mendoza. Lo cual no es cierto.

6 comentarios:

Mery dijo...

Antonio, es un libro que dejó de interesarme en cuanto lo hojeé ligeramente, quizás porque intuí un poco lo que tu acabas de comentar.
Mejor quedarse con el gustillo de sus otras novelas. Has hecho bien en avisar, sin duda.

Juan Antonio, el.profe dijo...

A mí me ha parecido una novela de Mendoza. Me explico: una novela más, con los ingredientes habituales de su autor: humor, habilidad narrativa, frescura. Y, en este caso, ciertas dosis (o dosis ciertas, más bien) de intrascendencia. Es decir, una novela que gusta a los seguidores de Mendoza. Yo esperaba más, pero tampoco ha sido un fiasco. Se deja leer, en fin.

Herman dijo...

Acabo de terminar la novela de Mendoza y no puedo estar más de acuerdo con tu dictamen. Pese a reconocer numerosos logros en el libro (casi todos relacionados con el ingenio de su autor y la eficacia de su prosa), apenas me he reído, y me ha acompañado siempre la sensación de estar leyendo algo prescindible. Dicho esto, me apresuro a añadir que Mendoza es uno de mis escritores españoles favoritos. Quizá por eso me fastidie tanto no haber disfrutado plenamente con las andanzas de Pomponio.
Un saludo

Fernando Valls dijo...

La verdad es que, aunque se lee con gusto y es entretenida, como tú señalas tan bien, sabe a poco. Me parece que podía haberse esmerado más, sobre todo porque es un escritor que, en otras ocasiones, con La verdad sobre el caso Savolta y La ciudad de los prodigios, había demostrado que tenía mucho talento.

Marco Valerio Corvo dijo...

He leído un par de obras de Eduardo Mendoza. Y tengo que decir que no me convence. Tiene cierto estilo, algún gracejo, y dice cosas. En particular en la primera que leí "La Ciudad de los Prodigios", pero tal vez le subí la nota por el hecho de que Barcelona es una mis ciudades favoritas, y yo, rendidamente la adoro .... El segundo, que ya no me acuerdo ni del título, me decepcionó bastante más.
Sin ser malo, no me gusta, no le encuentro solidez a sus estructuras, no me emociona y por fin no creo que remate bien sus argumentos.
En cualquier caso, para haber leído solo dos de sus novelas, mi crítica, la autocritico como excesivamente atrevida.
Gracias por el Consejo, digo yo también.

juani dijo...

Hombre! No seáis malos! Pobre Mendoza! Si ya sabíamos que era de las ligeras...pero ya quisieran muchos saber jugar narrativamente con tanta coñita!!! Digo!