domingo, 20 de abril de 2008

Maver Quarter en la Bologna ardiente

Ferragosto en Bologna. Buscando una porción de tarde respirable llegamos al parque Regina Margherita, al sur del viale Enrico Panzacchi. En medio del estanque flota un pequeño café, bajo un emparrado tupido y fragante. Cuatro músicos aparecen con sus instrumentos: un bandoneón, una flauta, una guitarra, un bajo y una batería. Un joven de veintiocho años, Carlo Maver, toma la palabra. Son Maver Quartet, un grupo de músicos boloñeses formado sólo cuatro años antes, en 1998. Comienzan a tocar y la Bologna ardiente se vuelve deliciosamente fresca bajo los acordes del jazz... Han pasado seis años y sigo escuchando Spaesaggi, el CD que les compramos aquella tarde memorable. Y sigo recordando cómo el sol respetó, muy a su pesar, aquel repentino oasis.

4 comentarios:

Víctor González dijo...

La vida está por fortuna tanbién trufada de momentos como este, y ese cd sonando libera porciones del magma esencial, con el que se construyen los recuerdos bellos. detrás de cada palabra tuya hay una nota musical, yo las he podido escuchar.
Es un honor para alguien que acaba de llegar como yo, verme incluido junto a esta lista de notables de la blogosfera y recomendado desde esta página que no lo es menos. Haciendo lo mismo en mi radiobaliza, doy apertura en mi blog a grandes caminos nuevos.
Gracis.

Mery dijo...

Un mediodía de junio tomaba un tentempié en la Plaza Mayor de Madrid, con mis padres, cuando vino a deleitarnos un par de músicos tocando la flauta travesera. También les compré un cd, y también lo escucho de tanto en tanto; me gustaría volver a sentir esa plenitud de aquel momento, aparentemente tan sencillo y, me temo, irrepetible.

Buena reflexión de domingo.

samanta dijo...
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Marco Valerio Corvo dijo...

Ay, Bologna, Bologna. No tuve la suerte de sentir esa caricia en la vieja ciudad etrusca - sí, llegaron hasta el Po - pero me vienen a las "mientes" otras sensaciones, en alguna manera, comparables: los fados en Coimbra, las gaitas de Galway, o aquellos chicos que tocaban la magnífica musica de los Balcanes en el Albaicín, y que, al preguntarles, resultaban ser daneses .... O los conciertos de violonchelo en el Palacio del Rector (no lo era de la Universidad, sino de la República, como un "dux") en Ragusa-Dubrovnik ...

Vaya magnifico texto el tuyo. Ay, ay Bologna la Roja, por la piel de sus edificios, por su "partisano" corazón....

Y hablando de ciudades con música, o de música en ciudades, no tiene desperdicio la pelicula-documental de Faith Akin (el de "Contra la Pared" y "Al Otro lado"): "Cruzando el Puente. Los sonidos de Estambul". Una mezcla fabulosa de sentimiento, musica y ciudad.

Abrazos.