martes, 8 de abril de 2008

La lluvia


Mientras en el Congreso de los Diputados los políticos andan en liza por el reparto de las aguas de esta España seca ("desde mi casa de Madrid se veía el rostro seco de Castilla como un océano de cuero", escribió Neruda), llueve llueve llueve en el Sur. Pero no hay en esta lluvia mansedumbre oteriana: llueve a empellones, y a ratos sopla un viento enrabietado por algo. Hay porfía en el cielo, como en los políticos que negocian con el Ebro, con el Segre y hasta con el Ródano (el de las bocas amables). Cuando en Murcia se entona el "Agua para todos", los constructores de los campos de golf hacen el coro y cantan como los ángeles. Tal vez en Barcelona también alguien piense en este momento que el agua es de todos. Pero la lluvia que cae sobre Sevilla demuestra que el agua no atiende a más razones que las suyas. Como este viento indómito que no se deja atrapar y se cuela caprichoso por la chimenea.


2 comentarios:

Mery dijo...

La Naturaleza tiene sus razones bien ocultas a nuestros ojos, y nosotros somos tan engreídos y torpes que creemos que nos las sabemos todas.
Y llega el viento y todo lo barre, y el agua, que todo lo lava. Y el Hombre tan vanidoso y soberbio, que todo lo manipula. Menos lo inmanipulable.
(Me leo y me sueno extrañamente poética).Disculpe usted.

goloviarte dijo...

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gracias