domingo, 13 de abril de 2008

Estampa dominical


Debajo de las barcas apenas hay una braza de agua sobre un fondo rocoso. Con la llegada de la bajamar, el espacio se reduce paulatinamente, hasta que el leño de la quilla se asienta con suavidad en las rocas pardas y, a merced del vaivén de la marea, se inicia el baile de rozaduras y golpes contra la piedra. En la superficie sólo se percibe el balanceo final de las barcas, pero bajo el agua desde la escollera del fortín militar se puede oír el crujido de las viejas maderas. Cuando la enorme llanura de piedra emerge del todo, las barcas reposan de costado sobre el lecho seco como focas al sol de los hielos.

3 comentarios:

Mery dijo...

Eso es lo que tiene vivir mirando al mar. Cada dia, cada hora, el sol y el mar ofrecen una estampa distinta; y sólo hace falta que unos ojos de artista nos dejen un escrito a quien no podemos verlo.

Mega dijo...

Bonita estampa. Me quedo con tus últimas palabras: "Como focas al sol de los hielos".

Un saludo

Marco Valerio Corvo dijo...

A mí, ese misterioso conglomerado de rocas que emergen visibles cuando la bajamar, y que conforman el reborde norte de La Caleta, enfrente del Castillo de Santa Catalina, me evocaron siempre la ‘Gadir’ fenicia. No en vano dicen que allí se encontraba posiblemente el Templo de Astarté – a la que los cartagineses llamaban ‘Tanít’, “la que llora” – y el Centro de una ciudad ancestral, porque por lo poco que sabemos, la geografía de las Islas Gaditanas, terreno de sedimento, marisma y aluvión, mudó sensiblemente su morfología en los treinta siglos últimos ….

Me imaginó a los barcos anclando en el viejo Puerto después de haber cruzado intrépidos todo el Mediterráneo. Desde cualquiera de la urbes de la “Pentápolis” fenicia: Arados …. Byblos - aquí se inventó el libro, nada menos - ….. Béritos (hoy Beirut, tan mártir y ensangrentada siempre) ... Sidón … o Tiro ….

Un día intenté aprenderme el nombre de todas esas lajas, esas rocas ….- magnífico mapa hay, en la exposición permanente del mismo Castillo - vano empeño, tal vez yo descienda de fenicios, pero, desde luego, ¡ay!, nunca fui marino.

Postdata:

¿Y Saben siquiera en Cádiz que Tiro existe, y que la forma de la remota Madre – tómbolo que avanza como quilla cortando las marinas densidades-, es idéntica a la de su Hija díscola, olvidadiza, y distante?

(Ay, si Tiro estuviese en Massachutsess…, ¡Teófila hubiese acudido ya, un millón de veces a “hermanarse”!)