miércoles, 30 de abril de 2008

El repartidor

El repartidor comienza su tarea de mañana. Veinticinco kilómetros cada día. Una nimiedad si se extendiesen por carretera, pero en la ciudad se convierten en un trayecto intrincado, además de imprevisible. El repartidor se detiene en la primera parada. Sabe que aquí todo es fácil: ancha avenida y zona de carga y descarga escrupulosamente respetada. Llega a la segunda parada. Una calle estrangulada por coches en doble fila y una obra de alcantarillado permanente. Enciende las luces de avería. Abre tranquilo el portalón trasero de la furgoneta y ve de reojo cómo se le acerca por detrás el primer coche. Aún no ha entrado en la pastelería y ya suena el primer claxon. El repartidor se lo toma con calma; es su trabajo y nadie se lo facilita. Sale sin mirar hacia la fila de coches, para evitar ver las gesticulaciones y adivinar los exabruptos. El repartidor continúa hacia la tercera parada. Se demora porque esta vez son cuatro bandejas y ha de llevarlas de una en una. Se apresura a salir ante el escándalo de la fila de vehículos. Son casi las nueve y hay un colegio cerca. El repartidor mira esta vez al conductor del primer coche y se reprime para no mandarlo al cuerno. Sigue su recorrido hacia la cuarta parada con la determinación de hacer la entrega mucho más deprisa, no tanto por acabar pronto la faena, ni siquiera pensando en los bollos y pasteles, que le importan un rábano, sino porque, como cada mañana desde hace quince años, ya empieza a notar que en su estómago se arremolinan cientos de pájaros negros.

4 comentarios:

Mery dijo...

Es verdad, pocas veces caemos en los sinsabores de ciertos trabajos. Tendemos a pensar que el nuestro es el mas tal, el mas cual....y hasta nos parece que los demás tienen suerte, porque parecen relajados.
Hace unos años trabajé en la administración de un colegio. Puedo asegurar que tenía poquitos momentos de descanso, y solo tres cuartos de hora para comer. Un dia, una de las profesoras me espetó, con muy poca delicadeza, que yo no tenía casi trabajo....
Le contesté muy seria: oye, el que yo te reciba siempre con una sonrisa y buenos modales no quiere decir que esté relajadita y desocupada. ¿O es que sólo trabaja el que denota nerviosismo y mala leche?
La dejé muda, y el resto de los presentes casi me aplaudió.

Ufff, siento esta perorata. A fin de cuentas sólo venía a decirte que yo aplaudo ty reflexión.
Y que tengas un feliz puente.

Marco Valerio Corvo dijo...

La verdad .... Y luego, colateralmente, están esos engendros llamados "coches" .... haciendo la vida mucho "más facil" para todos .... Recuerdo que una vez salió un Ministro de Industria muy enfadado y ceñifruncido acusando a los españoles que estiraban demasiado la vida de su coche, y tardaban en renovarlo, cuando lo que necesitaba el país es que comprásemos muchos mas y mas coches .....

Marco Valerio Corvo dijo...

La verdad .... Y luego, colateralmente, están esos engendros llamados "coches" .... haciendo la vida mucho "más facil" para todos .... Recuerdo que una vez salió un Ministro de Industria muy enfadado y ceñifruncido acusando a los españoles que estiraban demasiado la vida de su coche, y tardaban en renovarlo, cuando lo que necesitaba el país es que comprásemos muchos mas y mas coches .....

Víctor González dijo...

Tortuoso destino, idéntico al camino del reparto de cada mañana.
Saludos.