viernes, 25 de abril de 2008

El insólito final de G.

A mi hija Carmen
Cumplidos los setenta, G. acudió al hospital con síntomas de abatimiento prolongando. Luego de someterse a exploraciones varias, algunos médicos creyeron ver en su estómago un minúsculo parásito, si bien otros afirmaban que se trataba de una sombra. Ante la disyuntiva, se requirió la ayuda de un entomólogo y un experto en sombras estomacales. El diagnóstico fue inequívoco: G. había sido tan hijo de puta toda su vida, tan ruin con sus semejantes, que su organismo ya no podía ventilar tanta mala sangre. Pronto le sobrevendría un colapso general. G. se marchó a su casa desmadejado. Aunque siempre supo que era un hijo de puta, nunca tuvo conciencia de haberlo sido en grado sumo. Se encerró en su habitación y comenzó una huelga de hambre expiatoria. Para no distraer su atención y purgarse con mayor eficacia, se deshizo de todos los muebles y adornos de la habitación, que dejó en las cuatro paredes blancas. Se tumbó en el suelo encogido sobre sí mismo, cerró los ojos y presenció el desfile de los rostros de todas sus víctimas. Poco a poco fue cayendo en un sopor intenso, a la vez que su cuerpo comenzaba a segregar un fluido primero blanco, luego amarillo... Días más tarde el sol iluminó la estancia y la hija de G. descubrió, sin saberlo, al capullo de su padre.

Antonio Serrano Cueto

15 comentarios:

ARP dijo...

Excelente, aunque a mí me parece que sería todavía mejor sin la última línea.
Saludos de colega (en el buen sentido).
Y por cierto que sería bueno que habilitaras la opción de feeds, para que se pueda suscribir tu correo en programas de sindicación como Google Reader.

Enrique Baltanás dijo...

Vaya, no conocía tu blog. Ahora lo seguiré, y espero me permitan la sindicación para estar al tanto de las novedades. Saludos.

Marco Valerio Corvo dijo...

Que cosa mas bonita son los gusanos de seda. Que ilusión de niño. O niña. Que recuerdos, de esa patria eterna, inmarcesible, la única verdadera que es la infancia. Recuerdo que a mi primera novia, que no tenía los ojos ni azules ni verdes, sino grises perlados, como luego he podido comprobar que tienen muchas mujeres de Bosnia .... en nuestro segundo encuentro, le regalé gusanos de seda. Yo tenía suficientes en mi cajita de zapatos, y luego, con paciencia y ternura infinitas la proveía de hojas de morera. Eramos muy jóvenes. Aunque yo ya contaba treces, y ella doce .....

Me lo ha recordado el cuento. Ese oro biológico blanco o amarillo, que logra, (¿quien puede ser el personaje del cuento, alguien como Aznar, como Bush, o como De Juana Chaos ....?) que incluso algo tan ingrato como ese hijo de puta, se convierta en un precioso capullo de seda ....

Los de Catay, los del "Imperio del Centro", los cultivaban desde tiempo inmemorial y cruzando "el mundo todo" llegaba la seda hasta "Qim", que es como llamaban los Chinos al Imperio Romano .....

Saludos.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Estimado Arp, sigo tu sugerencia y suprimo la última línea. Gracias.

Antonio Azuaga dijo...

Onírico, irónico, un punto kafkiano, con sorprendente final anfibológico entre el sarcasmo y la ternura, entre la ridiculización del perverso “G.” y la esperanza de su dignificación alada. Bueno, y doblemente bueno por su brevedad, que Gracián apostillaría.
Un saludo.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Gracias, Antonio, por tus palabras. Debo este breve relato a la convivencia durante varias semanas con un G(usano) de seda (el de la foto) de mi hija, que ahora aguarda no sé si mejor, pero sí más embellecida vida. Saludos.

samsa777 dijo...

Fantástico... Y deliciosamante duro y kafkiano...

Orlando Romano dijo...

Estupenda historia, Antonio. Saludos desde Buenos Aires.

Mery dijo...

Sorprendente este relato que teje tan fino lo bello y lo bestia de la Vida.
Ya nos contarás cuántos hijitos nacen de ese G.

José Luis RdC dijo...

Justicia poética, anhelo humano que sólo satisface el arte ¿o no es así? Hay tanto hijo de puta gozando de buena salud.

Maghenta Comunicación dijo...

Ufff...

Me ha gustado. Pero me queda la intriga (boba) de saber como era con la línea suprimida a petición de los lectores....

Un saludo,
C

Antonio Serrano Cueto dijo...

La frase, estimada Maghenta, era:

"Y se fue a buscar ayuda para limpiar tanta porquería".

Con ella yo pretendía cerrar el relato con la idea de una cierta venganza del destino, pues su hija acabaría con el capullo antes de su conversión en mariposa (antes, por tanto, de su regeneración). El lector, además, podría pensar que nadie mejor que ella para hacerlo (aunque sin saber lo que hacía), pues es muy posible que hubiera sufrido en primera persona la mala leche del padre. Gracias por tu interés y bienvenida a los Silenos. Visitaré tu blog.

Víctor González dijo...

Comparto lo de la supresión de la última linea, por lo demás, me ha parecido de los brillantes que superan la media. Un insecto dentro de otro, o ¿era una sombra?...

Marco Valerio Corvo dijo...

Descuida, MERY. No nacerá ningún hijito. Pues "G" es único, solo, algo así como Karkora, "el palido uno", y casi nadie puede engendrar consigo mismo. Si nace y se regenerá su soledad lo matará de pena.

Mega dijo...

Me ha recordado "Imposibilidad de la memoria", de José María Merino. Buen relato.

Saludos,