miércoles, 23 de abril de 2008

El hallazgo


3, 17, 19, 22, 31, 44. ¡No es posible! El grito se le escapó de la cerca de los dientes, como a los héroes homéricos. D. F. miró de reojo a su vecina: juraría que había respingado. Pero no, seguía dormitando ajena al hallazgo. D. F. repasó los números: 3, 17, 19, 22, 31, 44. ¿Cómo no había reparado antes en aquel boleto? Consultó su agenda y se extrañó de no encontrar en los días pasados ninguna nota del tipo Comprobar lotería o Mirar lotería. Siguió retrocediendo en el tiempo en busca de un apunte sin tachar, pues siempre tachaba lo cumplido. Finalmente lo halló. Allí estaba: Comprobar la Primitiva. No era posible que a D. F., tan diligente en su manejo de la agenda, se le hubiese escapado aquella entrada. Descubrió que era muy antigua y, en efecto, estaba íntegra. A D. F. le pareció que aquello sólo podía ser un aviso, el preludio de una vida nueva. Era evidente que la suerte lo rondaba aquella mañana cuando decidió, por matar el tiempo, hacer limpieza en la cartera. Aquel boleto parecía señalarse, atraer de forma especial su atención, en medio de la selva de papeluchos que almacenaba: billetes de tres, de autobús, recibos de compras, de cajeros automáticos, tikets de estacionamiento, tarjetas de visita, recortes de periódicos... A duras penas D. F. podía contener su alborozo. Ya se veía cruzando la puerta del banco. Sin embargo, se percató de que el boleto caducaba justo ese día, ese mismo día y no el siguiente o dos días después. Ese mismo día, 2 de marzo. Donín Fortunio (que así se llamaba estirado el nombre) se sintió indispuesto y corrió al aseo. En su cabeza se habían acomodado los seis números, 3, 17, 19, 22, 31, 44, y la certeza de una premonición. Miró por la ventanilla y creyó ver otro avión, diminuto y veloz. Aún restaban cinco horas de vuelo sobre el Océano para llegar a su destino.

Antonio Serrano Cueto

(Imagen: tiendas E-Larán)

13 comentarios:

Nodisparenalpianista dijo...

Soy un reciente enfermo de "Perdidos". Cualquier serioe de números me aterroriza. Pero me atrapa. Yo también volveré.

José Manuel Serrano Cueto dijo...

Me lo has quitado de la boca, nodisparenalpianista. Yo también soy un enfermo de Perdidos, pero no sé, me temo que no van por ahí los tiros... ¿o sí?

Víctor González dijo...

Yo, que reniego de engancharme a serie alguna y es que las dependencias las prefiero amplias. Más que identificarlo por ese lado, he disfrutado de la fantasía de la angusria de otro, como cuando despiertas de un mal sueño y te sientes a salvo con la vigilia.
Buen relato.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Sí, Víctor y José Manuel: los números no son más que un elemento de la angustia del viajero, que ve cómo las últimas horas para cobrar un posible boleto premiado se acaban en ese vuelo. El espacio y las circunstancias de un vuelo de larga distancia pueden despertar las paranoias y obsesiones más diversas.
Nodisparealpianista, bienvenido.

Antonio Azuaga dijo...

¡Menos mal que no juego a la Primitiva y me dan miedo los aviones! Tu espléndido relato reafirma mi hábito y mi temor.

Rafael Lucena dijo...

Otro cuento con números que espera su turno para entrar en mi blog (a ver qué te parece): Esta mañana, al levantarme, he creído escuchar cómo un rayo de luz le decía a otro, cuando penetraban, precisos y sin ruido, los orificios de la persiana, que sería capaz de habitar en tu corazón, en tu mirada y en tu sonrisa para siempre. Creo que mi sueño matutino ha sido provocado por el hallazgo de ayer: ordenaba libros por matar el tiempo, por géneros literarios, por cronología, por tamaño según los espacios entre las distintas baldas, y encontré en uno de ellos, como si se tratara de un marcapáginas, una servilleta de bar amarillecida, de escasa consistencia y con los dobleces muy marcados, que mostraba todos los integrantes de tu número de teléfono: siete, tres, cinco, nueve..., y un bonobús agotado.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Hay en tu relato un cambio de tono muy marcado: de la escena matutina, muy poética, al recuerdo del día anterior, donde describes una actividad puramente doméstica, que concluye con el hallazgo de la servilleta y el número. Si has buscado que de lo trivial surja la poesía en torno a la persona evocada, lo has conseguido. Pero el bonobús final, a mi modo de ver, se podría interpretar de manera muy negativa, como un cierre pesimista. Un relato que empieza con luz esperanzadora, pero concluye con el recuerdo de ¿una historia agotada?

Mery dijo...

Como que me ha entrado una angustia que para qué....tan perfecta y acertada es tu descripción.

Luego leo a Lucena y me sonrío con su hallazgo. Rafa, a ver si guardas los teléfonos de tus amigos en su sitio : una agenda en toda regla. Estos hombres.....

El autor dijo...

Estimado Tocayo, esta mañana, al echar como siempre una ojeada a tu blog, me encontré con el sorpresivo "Hallazgo" de que recomendabas el mío. Me dio un gusto enorme y te correspondo poniéndote entre la lista de favoritos de Los Convidados, lo que no es sino hacer constar por escrito una fehaciente verdad.
Si, ya metidos en estas cuestiones, se te ofrece cualquier cosa de mi parte, un intercambio literario, no sé, lo que se te ocurra, no vaciles en avisarme. Estoy a tus órdenes.
Un gran abrazo
Antonio Sarabia

Antonio Serrano Cueto dijo...

Gracias, Antonio, soy yo el que se pone bajo tu égida. Un placer.

José Manuel Serrano Cueto dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
José Manuel Serrano Cueto dijo...

Sé que no viene a cuento, pero ya que se habla de Perdidos, y con permiso de mi bros, me gustaría recomendaros una revista de cine fantástico que acaba de lanzarse: Scifiworld. La única en España dedicada al cine de género. Gracias.

Mega dijo...

Jajaja. En ocasiones ocurre que la felicidad, más que breve, resulta ficticia...

Un saludo