jueves, 17 de abril de 2008

Evocaciones (1): El cine de verano

Sobre la muralla norte de la ciudad, en una explanada rectangular abierta al cielo, había un cine de verano elevado sobre el mar, con la pantalla de espaldas al embate de las olas. Se accedía a la sala por un triángulo de escaleras en cuyo interior estaba la taquilla. Vendía las entradas una mujer filipina muy bajita, tan bajita, que tuvieron que hacerle una silla especial para poder mirar a los ojos de los espectadores. El cine se inauguró con una película sobre los desastres del terremoto de San Francisco. Quizás por ello esa noche el mar perdió toda compostura. Con el primer temblor de la tierra americana se levantó una brisa salina, y un fuerte olor a racimos de cangrejos recorrió el patio de butacas. Era barrunto de una ola invisible, negra como la noche, que saltó sobre la pantalla y bañó a los espectadores de las primeras filas.

La fotografía está tomada de Endrina (Educación en Riesgos Naturales).


6 comentarios:

Mery dijo...

¡ Qué recuerdos !
Es una pena que ya no haya cines de verano.
¿De verdad la ola bañó a la gente de improviso? Tuvo que ser sobrecogedor.

Antonio Serrano dijo...

Mery, algo de ficción hay en la ola. También cuentan que a la filipina no se le vio el pelo nunca más.

LOLA GRACIA dijo...

Las fuerzas de la naturaleza que se alían en confluencias extrañas.

samsa777 dijo...

Fantástico blog. Lo seguiré.

Gracias por tu visita,

Francisco

Víctor González dijo...

Los fotogramas proyectados sobre el agua que saltaba la pantalla, daban imagenes muy distintas de las de la película. ¿O no?...

Antonio Serrano Cueto dijo...

Víctor, cuentan que el agua cayó tan repentinamente, que el haz de luz de la cámara no llegó a mojarse. No obstante algunas gotas iridiscentes quedaron flotando sobre la sala, meciéndose al vaivén de la brisa.