Delante de mi ventana tengo el Donatus Park, que es el mejor somnífero en esta ciudad universitaria. Cada día cruzo un precioso paseo abovedado por rubias ramas de arce, cuya infinita hojarasca se afanan los funcionarios del ayuntamiento en limpiar. Nunca tuve el cambio otoñal tan delante de las narices. Semejante paisaje de ocres y frío terrero me ha recordado uno de mis primeros poemas, algo cernudiano dirá alguien, que os dejo aquí con una petición de benevolencia por mor de su doncellez. Como el tema da juego, también os dejo una versión en prosa del mismo menoscabo corporal.
MI AMIGO
Han encontrado el cuerpo de mi amigo bajo las hojas otoñales del arce. Menos mal que mi amigo hace tiempo que ya no lo utilizaba.
* * *
LA SOMBRA
Sola yace la sombra en la glorieta
de un hombre con premura abandonada.
Desde allí negras huellas van tintando
un camino furtivo en la hojarasca.
Nadie sabe decir quién es el prófugo
corredor en la tarde solitaria.
Nadie sabe por qué la sombra quieta
sin sangre, malherida se desangra.
de un hombre con premura abandonada.
Desde allí negras huellas van tintando
un camino furtivo en la hojarasca.
Nadie sabe decir quién es el prófugo
corredor en la tarde solitaria.
Nadie sabe por qué la sombra quieta
sin sangre, malherida se desangra.
(Donatus Park. Fuente: Silenos)

