...Saludos, amigos lectores.
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Vuelvo a Lovaina, más otoñal que la dejé (ya están desnudos los arces del parque, ya buscan abrigo los patos antes deambulantes y pletóricos por la demora de los fríos). Almuerzo en mi bar preferido de Les Marolles (La Brocante), en Bruselas, con acompañamiento de jazz en directo: dos jóvenes músicos que conforman un grupo llamado Belch' (jazz vivant tous les dimanches!). Hoy luce el gentío y ciega la humareda. No obstante, encuentro una mesa pequeña y, como ya mi cara debe de resultar familar a los camareros, me atienden con una sonrisa cómplice. Escribo mientras bebo y bebo mientras suena la música. Garabateo dibujos, esbozo alguna idea para un microrrelato, asoma el verso primero de acaso un poema. Pero hoy no tengo muchas ganas de vivir en lo literario; me puede más el deseo de vivir hacia afuera, hacia la calle paseada y húmeda, hacia las conversaciones que cuelgan de las mesas, de los vasos, de los cigarrillos de picadura. Y me pregunto qué es la vida sino un tránsito hacia las mismas cosas, hacia la misma glorieta en la que gira y gira siempre el mismo tiovivo bajo la amenaza siempre del mismo cielo.
(Imagen: Fuente en Rue au Beurre, cerca de St. Nicolás, Bruselas. Fuente: Silenos)


