viernes, 9 de octubre de 2020

Calvino en Jaén

 


sábado, 3 de octubre de 2020

Calvino en Cádiz

 


domingo, 13 de septiembre de 2020

Mi Italo Calvino en El Cultural

 En El Cultural de El Mundo se habla de mi biografía de Italo Calvino, que estará disponible en las librerías a partir del 15 de septiembre.



miércoles, 12 de agosto de 2020

Tres resoplidos estivales

Para María del Mar; ella sabe bien por qué

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1. Quienes me conocen bien saben que tiendo a ver la botella medio vacía. Cuando en pleno confinamiento se difundía el ritornelo happy flower que aventuraba un cambio para mejor en las mentalidades y el espíritu humanos, yo, desde mi pesimista atalaya, no podía evitar que el líquido menguase en la susodicha botella. Y hoy, en este agosto del año maldito de 2020, me reafirmo: la especie a la que pertenezco lleva el gen de la autodestrucción. "Saldremos mejores", "Seremos más solidarios". Pues no: hemos salido blandiendo aquello de "Sálvese quien pueda", o esto otro: "Me importan un bledo los demás". Por eso este virus apocalíptico subsiste, porque cada día lo alimentamos con nuestras células malignas.

2.  La pandemia también ha alterado las células léxicas. Los políticos y los periodistas, desde una ignorancia y una estulticia que parecen ser marca de oficio, nos han asaeteado con dardos (¡ay!, si Lázaro Carreter levantara la cabeza) como "nueva normalidad", "desescalada", "distanciamiento social". Aquí ha quedado eso, para uso y repetición de la ciudadanía adocenada. Esta crisis sanitaria, social y política ha venido a confirmar nuestra naturaleza gregaria, apacentada por las redes sociales y los aplausos vespertinos.

3. Otras de las memeces que ha iluminado el cielo de los fuegos artificiales ha sido la de que muchos de los fallecidos tenían patologías previas, por lo que no se morían por el maldito virus, sino a consecuencia de esas patologías. Como si el bicho fuese un simple acompañante en el último trecho. Pues no, mire usted: la gente no se muere con el coronavirus, se muere por el cononavirus. La filología sirve para saber qué cosa es el complemento agente (políticos y periodistas habrá, salidos de la LOGSE, que busquen en Wikipedia quién es el tal y misterioso fulano). ¿Hubieran fallecido de esas patologías previas si el virus no las hubiese potenciado hasta el exterminio? En muchos casos posiblemente no; al menos no en ese momento. Se entenderá mejor lo que pretendo decir con una imagen. En el borde mismo de un acantilado hay una persona contemplando la inmensidad del mar. El riesgo de caída es indudable, pero esa posición per se no basta para que se precipite. He aquí que aparece alguien por detrás y... ¿Qué o quién es el responsable de la muerte? ¿La situación de riesgo en que se encontraba el ahora fallecido o el repentino agresor, trasunto aquí del covid19?

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A modo de desahogo final

Frente al mar del descanso escucho a Caetano Veloso. La voz undosa del brasileño mece "La barca", la hermosa canción que compusiera Roberto Cantoral. Por un momento veo la botella algo más llena. Y se me antoja una cerveza.  

lunes, 20 de julio de 2020

Calvino en septiembre

En septiembre saldrá la biografía, con este estupendo traje.

martes, 26 de mayo de 2020

Biografía de Italo Calvino y premio

Después de casi once años de trabajo, llega a buen puerto mi biografía de Italo Calvino. Ayer la Fundación Cajasol y la Fundación Lara emitieron una nota de prensa con los ganadores de sus dos premios anuales, y hete aquí que servidor ha ganado en la modalidad Premio de Biografías Antonio Domínguez Ortiz 2020, con la obra titulada Italo Calvino: el escritor que quiso ser invisible. Enorme alegría en estos tiempos convulsos. 



jueves, 9 de abril de 2020

Diario de un confinamiento (16). De santidades y prodigios.

Caricatura del siglo XIX. Lluvia de animales.
Fuente: Wikipedia
A fuerza de santidad celebrada, la más santa de todas las semanas transcurre entre el retiro laico de unos y la devoción lagrimada de otros. La Pasión esta vez, como pocas, va por dentro: recorre el salón, la cocina, el baño, los balcones... Porque pacientes somos todos, tanto por sufridores como por esperanzados. Junto con las palmas gratulatorias, habrán de oírse rezos y entonados mea culpa. Todo para lograr que el dios venerado, sea el que sea, afloje la mano opresora y distienda la presión del castigo. 
Como es sabido, los romanos antiguos eran gente muy supersticiosa, y no poco de aquellos temores hemos heredados sus descendientes en esta Europa enlutada. Basta leer la recopilación de prodigios que recogió Julio Obsecuente (ss. IV-V) para pecatarse de que para un romano lo más importante era el do ut des ("te doy para que me des"), esa pax deorum que les permitía una vida en armonía con las fuerzas celestes, marinas y telúricas. Los sucesos narrados en el librito de Obsecuente evidencian que algo se hacía mal en la esfera de lo religioso. El esquema era simple: los hechos insólitos constituían la aterradora antesala de seguras desgracias. Había, por tanto, una advertencia, si bien ya nada podía hacerse por evitar las consecuencias. He aquí un ejemplo. Aconteció en el I consulado de Gayo Terencio Varrón y el II de Lucio Emilio Paulo. 
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En Roma, en el Aventino, y también en Ariccia, cayó una lluvia de piedras y al mismo tiempo de abundante sangre. Manó de un manantial muy frío agua caliente. En vía Fornicata, que estaba junto al templo, algunas personas resultaron heridas y muertas por un rayo. Se siguió aquel memorable desastre de Cannas. Fue tomada la aldea de Apulia, donde murió Paulo Emilio junto con sus cuarenta mil infantes, dos mil setecientos jinetes y más de tres mil romanos; Aníbal ocupó la Campania.
[Trad. A. Moure Casas]
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Los signos de lo que hoy padecemos estaban ahí. No eran ni el llanto de una efigie mariana ni el nacimiento de un ternero bicéfalo ni una lluvia de renacuajos... Mientras la vida corría apresurada, el capitalismo salvaje, el ecocidio, la globalización, los recortes en Sanidad, la privatización de servicios básicos... enviaban sus señales. Pero pocos las vieron y a estos, pocos les prestaron atención. Hoy, Jueves Santo, toca a muchos llorar con encogimiento, o recogerse (¿aún más?) con llanto. Queremos pensar que cuando amaine el brutal temporal saldrá el sol benévolo y justo. Por querer no será. Pero, ¿será por querer?

domingo, 5 de abril de 2020

Diario de un confinamiento, 15. Umberto Eco, Paolo Fresu y el veneno.

La risa apaga el miedo y sin miedo no hay fe. Es la tesis de Jorge de Burgos, el bibliotecario ciego de El nombre de la rosa. Al convertirlo en el alter ego de Borges, Umberto Eco trasformó en Burgos su origen, con lo que el papel  de cancerbero de la fe quedaba en manos de un oriundo de las tierras en las que años más tarde nacería la Inquisición española. Señor de un reino de tinieblas, un inmenso laberinto librario, Jorge de Burgos, cuyo rostro pétreo encarnó magistralmente el actor Feodor Chaliapin, Jr., establece, diríamos hoy, un cordón sanitario para evitar que el libro II de la Poética de Aristóteles, infectado con el virus de la risa, caiga en manos de los monjes. Y combate el virus con veneno. Estamos en el siglo XIV, en el trecho final de la Edad Media en Italia. 
...Más de seis siglos después, en España, la España inquisitorial, hay hordas de inquisidores combatiendo el nuevo virus con el viejo veneno del odio. Con una diferencia abismal: los monjes de entonces eran gente docta; los inquisidores de hoy, enjambrados en la colmena de VOX y el PP, representan la ignorancia más alarmante, la inquina más canalla. 

* * *
Ahora suena el jazz italiano de Paolo Fresu, el tema "Una frutta e una pigna", y me traigo recuerdos de San Remo, Turín, Bolonia, Urbino, Florencia, Venecia, Roma... Las calles que en días más benévolos recorrí, los bares en los que me senté a ver pasar las nubes. Cuando la vida se escapaba hacia fuera. O ese vino dulce que tomé en el Mercato Trionfale de Roma, cerca de mi casa, y que me supo a éxtasis teresiano. O ese palacete de Santa Croce de Venecia desde el que veíamos el trasiego cotidiano de las barcazas. Italia, la vírica Italia.